Cuando la realidad supera la ficción
y ese mundo que te encierra es tan ficticio
que incapaz te sientes de cerrar ese capítulo
que no acabas nunca de leer.
Lo dejarías eternamente en esa página,
en esa que tantas veces has leído,
que dice mucho y que te ha dolido
y a la vez te creó satisfacción.
Me hiela el alma que se acabe este tormento,
me sobra espacio para escribir otro guión,
me quedo quieto porque no quiero
sentir de nuevo ese dolor.
No quiero ver el final de este argumento,
quiero vivirlo en este instante con pasión,
quiero que dure, no que perdure,
inminentemente en el corazón.
Y si la realidad que me supera es tan ficticia,
que ni yo me la acabo de creer,
no me involucro más en este libro
que al final se acabará con “va a doler”.
Es tan iluso que se creen esperanzas,
es tan FICTICIO que se haga realidad,
es tan bonito, tan tan bonito,
que nunca puede ser verdad.